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religión para ateos

Religión para creyentes agnósticos ateos El Santo Rosario constituye un buen ejercicio de concentración con una duración aproximada de diecinueve minutos. Cualquier técnica que nos permita mantener la concentración por ese lapso posee sin dudas efectos benéficos que no tiene mayor caso enumerar ahora. Pero sí vale agregar que la persona se puede involucrar en mayor o menor medida con un mismo ejercicio, dependiendo que qué tan por arriba lo practique o cuánto sienta las palabras y las ideas-fuerza. Así que "rezar" un rezo largo como el S.R. con mayor "devoción" proporciona mejores resultados que repetirlo como loros, aunque particularmente pienso que hablar sin entender lo que se dice se atribuye a ellos injustamente (a los loros). Con la práctica uno llega a rezar el SR sin valerse de cuentas (bolitas) ni los dedos para contar; ayuda el mantener los ojos cerrados en todo momento y cerrarse a todo estímulo externo como reflejos de luz y diálogos, y a internos ...

Nuevos cosejos del viejo Vizcacha

     Los consejos del viejo Vizcacha en el Martín Fierro no estaban mal, sobre todo para la época, pero hoy día resultan trillados. Además de eso agunos, como "hacéte amigo del juez" no son nada fáciles de cumplir. Hay en cambio algunos consejos de más accesible seguimiento, factor práctico indispensable para que yo quiera esribir. Evita "sacar el tema": resulta siempre preferible hablar sobre un tema instalado, es decir que lo que uno dice es seguro que será escuchado, ya que "viene al caso". Pero -aquí algo importante- no hay que "engancharse" en una charla ajena. Menos aún llegando de otra zona del edificio, dando a entender que uno estaba escuchando esa charla ajena. Relacionado con lo anterior, nunca traigas del baño un tema a donde está la gente. Generalmente pasa esto: uno está charlando lo más bien hasta que se levanta para ir al baño. Orina, y mientras está en el lavabo continúa mentalmente con la charla donde había quedado cuando se ...

Como vivir contentos y despreocupados de nuestra edad y de nuestra muerte

Normalmente hacemos esto: Cuando niños, deseamos ser grandes. Y vivimos pensando en eso, y comparándonos con otros niños de más edad o con nuestra idea de nosotros mismos cuando seamos "grandes", y eso nos da cierta infelicidad, aunque sabemos que nos espera el venturoso futuro de que seremos, algún día, "niños grandes" como ésos que admiramos y envidiamos. De adolescentes es más o menos lo mismo, pero ya soñamos con ser adultos, "mayores de edad" y así tener acceso legal al alcohol, al cigarrillo, al sexo gratuito y al otro y todo eso. Cuando tenemos entre treinta y cuarenta años, somos felices sabiendo que tenemos "la mejor edad". Ya pasando los cuarenta, es a la inversa pero lo mismo: nos da infelicidad pensar en la "juventud perdida" y saber que no nos espera un futuro venturoso. A propósito de esto, desde hace mucho tiempo el Hombre convive con el conocimiento de su muerte y de su vejez, y tuvo que aprender a vivir soslayando...

La enfermedad y la salud como consecuencia de las capacidades del organismo sobrepasadas por agentes exógenos.

El cuerpo humano  tiene una determinada capacidad de manejar  eventos tanto físicos como químicos  en el organismo, tanto  de origen  propio  como externo . Salvo los esfuerzos  físicos o mentales,  dichos eventos tienen como causante un  elemento externo,  físico o químico ,  que se corresponde con la naturaleza del  evento.  Algunos  son indispensables  para el funcionamiento del organismo, como los  alimentos o el aire. Algunos son  necesarios pero no vitales,  tal  las golosinas, los vicios, etc. Otros  suceden a la  fuerza, son los accidentes  (traumas,  inhalaciones  involuntarias,  etc ).   Cuando esta  capacidad es excedida , ello  se manifiesta , en forma de enfermedad o en forma de  curación .  Las enfermedades  pueden  desaparecer por completo y sin secuelas, con  secuelas, ser crónicas o  hasta inclu...

Si me preguntan cómo elijo a las personas

     Creo que las personas y también el resto de los seres vivos van rodeados de una zona de seguridad o zona de integridad. Los egoístas tienen esta zona expandida y la gente normal no, aunque la mayoría no permite la menor intrusión en su zona. Pero en ocasiones esta integridad es penetrada obviamente con consentimiento ya que me refiero a la voluntad, lo que no se tuerce por la fuerza. Este consentimiento puede ser por dinero -los serviles- o por amor. Cuanto más se admite vulnerar su zona tanto más generoso es el sujeto, ya que se deja quitar pedacitos de lo que le pertenece. Y cuanto más amplio es ese amor, más abarcativo, hacia más seres y más variados incluso seres dañinos tanto más SANTA es esa persona.      Los egoístas, como se dijo, expanden esa "zona de exclusión" hasta distancias bastante mayores al famoso metro a la redonda que es la zona que según los sicólogos necesitamos para sentirnos seguros; los sicólogos son por cierto esos señores ...