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La enfermedad y la salud como consecuencia de las capacidades del organismo sobrepasadas por agentes exógenos.

El cuerpo humano tiene una determinada capacidad de manejar eventos tanto físicos como químicos en el organismo, tanto de origen propio como externo. Salvo los esfuerzos físicos o mentales, dichos eventos tienen como causante un elemento externo, físico o químico, que se corresponde con la naturaleza del evento. Algunos son indispensables para el funcionamiento del organismo, como los alimentos o el aire. Algunos son necesarios pero no vitales, tal las golosinas, los vicios, etc. Otros suceden a la fuerza, son los accidentes (traumas, inhalaciones involuntarias, etc).  Cuando esta capacidad es excedida, ello se manifiesta, en forma de enfermedad o en forma de curación. Las enfermedades pueden desaparecer por completo y sin secuelas, con secuelas, ser crónicas o hasta incluso causar la muerte. Al administrar un “remedio” también el organismo reacciona contra eso, en la medida de sus posibilidades, pero cuando se ve excedido sobreviene la “cura”Entonces, tenemos que, según la dosis, un “remedio” puede ser: insuficiente, curar, dañar, y matar, en este orden para dosis cada vez mayores. De ahí la frase “el veneno es la dosis”. La cura también lo es, así como su calidad de inocuo. Una dosis elevada pero no mortal en un tiempo limitado puede ser la causa tanto de adaptación (acostumbramiento) como de hipersensibilidad (alergia). Es notable el hecho de que esto también se verifica en el plano emocional. Una “dosis emocional elevada” (experiencia fuerte) deja su trauma, que no siempre es maligno. 
Quedaría entonces por averiguar si esta capacidad de asimilación o metabolización de origen es distinta en cada individuo, aunque la mayoría de las veces esto es irrelevante. 
También falta saber el grado de injerencia de cada elemento, así como el desnaturalizar la actitud indiferente ante hechos y elementos que se dan por favorables o beneficiosos, probablemente por haberlo sido en alguna etapa previa de la vida. 

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