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religión para ateos

Religión para creyentes agnósticos ateos

El Santo Rosario constituye un buen ejercicio de concentración con una duración aproximada de diecinueve minutos. Cualquier técnica que nos permita mantener la concentración por ese lapso posee sin dudas efectos benéficos que no tiene mayor caso enumerar ahora. Pero sí vale agregar que la persona se puede involucrar en mayor o menor medida con un mismo ejercicio, dependiendo que qué tan por arriba lo practique o cuánto sienta las palabras y las ideas-fuerza. Así que "rezar" un rezo largo como el S.R. con mayor "devoción" proporciona mejores resultados que repetirlo como loros, aunque particularmente pienso que hablar sin entender lo que se dice se atribuye a ellos injustamente (a los loros).
Con la práctica uno llega a rezar el SR sin valerse de cuentas (bolitas) ni los dedos para contar; ayuda el mantener los ojos cerrados en todo momento y cerrarse a todo estímulo externo como reflejos de luz y diálogos, y a internos como flashes de memoria. Una lágrima que nos cae por la emoción puede evocarnos una imagen y distraernos.
Hay que imaginar la situación de cada misterio y sentir el gozo, el dolor, lo luminoso y lo glorioso y también prestar atención a todo lo que dicen el padrenuestro y el avemaría. Es un gran ejercicio de concentración que potencia nuestra mente y nuestra moral.
Además del ejercicio neurológico de concentración, el cual de no abandonarse proporciona resultados cada vez un poco mejores, entra en juego la semántica de lo que se está diciendo. Como ejercicio para la memoria y la concentración se pueden utilizar elementos sin otra aplicación, pero resulta que el SR es un compendio de frases bien estudiadas, que no se contradicen, que no pueden ser refutadas, y cuya semántica actúa como un fuerte direccionador de pensamiento, fomentando en el sujeto rezante cualidades todas muy beneficiosas: humildad, confianza para lo inmediato (en uno mismo, en una fuerza superior protectora, en el devenir); a su vez esta confianza eleva el nivel de autoestima, fe y tranquilidad ante el más grande de nuestros miedos: la muerte. Esto nos hace más pacíficos, más pacientes, más confiados de que nuestros proyectos saldrán bien, pero por si fuera poco, aumenta algo bastante difícil: nuestra tolerancia a la frustración, por lo que además de estar confiados en cómo nos saldrán las cosas, no nos preocupa demasiado ya que consideramos que aunque las cosas "salgan mal" a nuestro modo de ver, salieron de la mejor manera en realidad. Como este pensamiento persiste, el tiempo nos termina dando la razón, ya que ACTITUD+TIEMPO=RESULTADOS. Quiero decir que reaccionar bien ante los infortunios nos pone en una realidad que seguramente percibiremos como la mejor posible, y nos resultará inconcebible cualquier otra sucesión de eventos que desembocare en una realidad distinta. Ahí sí podríamos decir que somos artífices de nuestra realidad, y no como nos quieren hacer creer los neo-capitalistas-conservadores-liberales-otodoxos-reaccionarios-etc. Esto nos da paz. Esto nos baja el estrés. Con la medicina moderna sólo un cóctel completo se asemeja a algo así. En léxico de siquiatras, sería un atidepresivo-antisicótico-miorrelajante-antiestrés y si me apuran anticonvulsivo. No sé si la religión sea el opio de los pueblos, pero sí es como un efectivo conjunto de drogas (legales, claro). Me estoy preguntando si los laboratorios no operan en secreto -o abiertamente- en contra de las religiones (y la asociación de siquiatras también).
La conclusión es que rezar hace bien. Y el Santo Rosario es probablemente el mejor rezo posible. Por su duración, por los ideales que proclama de manera explícita, por las sensaciones que provoca de forma casi subliminal, por sus efectos sobre nuestro subconciente, por hacer referencias a hechos que, santos o no, tienen validez histórica -y el pasado es el único lugar de donde de aprende. Piensen en eso-.
De hacer este ejercicio muy concentrados ("rezar" el SR con "devoción") a ser creyentes y encima católicos hay menos de un paso. Las seudo-religiones son mucho más carismáticas, más histriónicas, apuntan más a pasar un buen rato, a reconfortar en lo inmediato. Se parecen más a las drogas ilegales. Por eso tanta gente se inclina a esas prácticas.
La conclusión es que si no se es católico por convicción o educación/costumbre, al menos uno lo puede hacer por inteligencia. Paradójicamente, hoy día ser ateo o ser agnóstico dan patente de inteligente. Nada más alejado de la realidad. Ser ateo es simplemente ser un descreído. Y ser agnóstico, un incrédulo, como los científicos. Ninguna de esas cosas -descreído, incrédulo y científico- constituyen signo de inteligencia, créanme. Si creen que exagero, averigüen la profesión de unas cuantas personas al azar, asegurándose de incluir médicos, matemáticos y otros, y cómo votaron en las últimas tres o cuatro elecciones presidenciales.

La mente abierta y el ateísmo gozan de prestigio hoy día.
Y se piensa que hay que tener "mente abierta" para ser un buen científico. Sin embargo, para algunas cosas sí y para otras no. Hay distintas clases de "mente abierta", en algunos casos conviene ser cerrado. Por ejemplo hay que tener mente abierta para ser creyente. ¿Cómo puede ser? Se contradice con los que le dan el mismo prestigio al ateísmo y a ser un "open mind". Por otra parte, una mente abierta pasiva acepta lo que se le dice, es decir no se pregunta nada, cosa esencial para cualquier científico, descubridor o inventor.

Finalmente, siempre hay una posibilidad, por pequeña que sea de que todo sea verdad. Que exista Dios y todo lo demás y los religiosos no sean unos tarados sino unos vivos que tomaron un atajo de miles de años.

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