Los cuatro perros jugaban al Poker y uno de ellos era el tramposo. Me dijo "tengo una trampa genial: en un momento del juego, cuando nadie se da cuenta, tres espejos detrás de cada uno de mis contrincantes se descubren, y puedo ver sus colas moverse cuando tienen buenas cartas."
- Pero, pero, escúchame Alfredo, ¿No es mejor que los espejos estén colocados de modo tal que puedas ver sus cartas directamente en lugar de sus colas y sacar conclusiones con margen de error? - dije.
- No - me contestó -, es más exacto y más preciso lo de ver las colas, porque no importa las cosas que el vecino tiene si no cómo las percibe él. En resumen, no importan las realidades sino las creencias. No me importa lo que hay en sus patas - dijo acordándose de que eras un perro - sino lo que hay en sus mentes.
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