Ir al contenido principal

Como vivir contentos y despreocupados de nuestra edad y de nuestra muerte

Normalmente hacemos esto: Cuando niños, deseamos ser grandes. Y vivimos pensando en eso, y comparándonos con otros niños de más edad o con nuestra idea de nosotros mismos cuando seamos "grandes", y eso nos da cierta infelicidad, aunque sabemos que nos espera el venturoso futuro de que seremos, algún día, "niños grandes" como ésos que admiramos y envidiamos.
De adolescentes es más o menos lo mismo, pero ya soñamos con ser adultos, "mayores de edad" y así tener acceso legal al alcohol, al cigarrillo, al sexo gratuito y al otro y todo eso.
Cuando tenemos entre treinta y cuarenta años, somos felices sabiendo que tenemos "la mejor edad".
Ya pasando los cuarenta, es a la inversa pero lo mismo: nos da infelicidad pensar en la "juventud perdida" y saber que no nos espera un futuro venturoso. A propósito de esto, desde hace mucho tiempo el Hombre convive con el conocimiento de su muerte y de su vejez, y tuvo que aprender a vivir soslayando ese asunto, a ignorarlo como si nada. Vivimos con la certeza de que moriremos y con la posibilidad -mayor o menor, desconocemos las probabilidades- de que nuestra muerte sea hoy mismo desde hace decenas de cientos de años,así que no sé por qué es ahora que surgen tantas enfermedades que los médicos ante su impotencia para curarlas le echan la culpa a "los nervios", si ese hecho principal siempre estuvo y desde que el ser Humano tuvo poder de abstracción y pudo pensar en espacios y cantidades de tiempo que superan en mucho su alrededor y su expectativa de vida, tuvo pues conciencia de aquéllo. No sé a qué problemas se enfrenta el Hombre moderno para estar tan mal de la cabeza. Tal vez sean nomás los agrotóxicos. O tal vez porque está de moda ser ateo, cosa que por alguna razón da cartel de inteligente. Particularmente no estoy de acuerdo con eso. Creo que son dos cosas distintas, e incluso que eso que llaman inteligencia no es más que descreimiento.

Bueno, lo que yo propongo es esto: que los niños dejen de preocuparse por no ser mayores ya que eso se les va a dar. Y que quienes somos ya mayores, hagamos esto: disfrutemos y vivamos cada día con la alegría de sabernos jóvenes. ¿Cómo jóvenes, si ya pasamos los cuarenta, los cincuenta, los sesenta, los setenta, los ochenta...? Si se le pregunta a un niño, se referirá a personas de veintitantos como "viejos", si la misma pregunta se le hace a alguien de veintitantos, tratará de "viejos" a los de cuarenta, etc... a mis cuarenta y ocho y medio, una persona de sesenta o sesenta y poco me parece "joven". No sólo joven para morirse, sino joven que todavía tiene vitalidad. Una persona de ochenta se referirá a alguien de setenta de igual modo. Entonces digo: debemos vivir sabiendo que somos jóvenes comparados... comparados con nosotros mismos al otro día. Así conseguiremos vivir con alegría el día de hoy porque somos más jóvenes que mañana. Y así día con día. Y si no llegamos a mañana, será porque habremos terminado nuestra misión aquí. Y aunque digan que lo que se disfruta es el camino, yo digo que siempre es bueno terminar algo.

Comentarios

Entradas más populares de este blog

Incomparable

      Sólo imagínate la mujer más puta y guarra que puedas, pero que delante de los demás te haga quedar bien ya sea de día o de noche y deje admirados a todos por inteligente, por bonita, por elegante y por ubicada, que sabe qué decir y qué vestir, delicadamente cuando la situación lo requiere o moderna y casual, según las circunstancias. Una chica piola, mordaz y muy intuitiva, con eso que llaman inteligencia emocional . Con la ternura de una madre en los momentos en que estás acongojado pero en otras ocasiones mostrándose necesitada, débil, sensible, vulnerable, requiriendo así la protección que tanto bien les hace a nuestras autoestimas de varones. Esa sería la mujer perfecta, ¿No? Sólo le faltaría convertirse en pizza, cerveza y cigarrillos luego del amor. Era aún mejor: era capaz de compartir momentos así. Aceptaba una copa de vino fino o de champagne – y lo hacía con altura, sólo Chandon – como también un pancho con gaseosa o tan sólo un vaso de agua. Como la canc...

Mi amigo perro timador

Los cuatro perros jugaban al Poker y uno de ellos era el tramposo. Me dijo "tengo una trampa genial: en un momento del juego, cuando nadie se da cuenta, tres espejos detrás de cada uno de mis contrincantes se descubren, y puedo ver sus colas moverse cuando tienen buenas cartas." - Pero, pero, escúchame Alfredo, ¿No es mejor que los espejos estén colocados de modo tal que puedas ver sus cartas directamente en lugar de sus colas y sacar conclusiones con margen de error? - dije. - No - me contestó -, es más exacto y más preciso lo de ver las colas, porque no importa las cosas que el vecino tiene si no cómo las percibe él. En resumen, no importan las realidades sino las creencias. No me importa lo que hay en sus patas - dijo acordándose de que eras un perro - sino lo que hay en sus mentes.

Algo de poesía

Cuando era jóven y pobre, me quedaba frente a las vidrieras de las joyerías envidiando a quienes entraban y gastaban dinero útil para cubrir necesidades, en meros adornos que yo no podía comprar a mi amada. Hoy, viejo y con fortuna, envidio a los que miran anhelantes e impotentes esas vidrieras, ya que tienen en quién pensar y por quién sufrir aquélla a mis actuales ojos insignificante frustración que otrora sufrí.