Ir al contenido principal

Cosas

Es curioso que prostituta barata sea más ofensivo que prostituta pero prostituta gratis deje de considerarse prostituta.

Comentarios

Entradas más populares de este blog

Incomparable

      Sólo imagínate la mujer más puta y guarra que puedas, pero que delante de los demás te haga quedar bien ya sea de día o de noche y deje admirados a todos por inteligente, por bonita, por elegante y por ubicada, que sabe qué decir y qué vestir, delicadamente cuando la situación lo requiere o moderna y casual, según las circunstancias. Una chica piola, mordaz y muy intuitiva, con eso que llaman inteligencia emocional . Con la ternura de una madre en los momentos en que estás acongojado pero en otras ocasiones mostrándose necesitada, débil, sensible, vulnerable, requiriendo así la protección que tanto bien les hace a nuestras autoestimas de varones. Esa sería la mujer perfecta, ¿No? Sólo le faltaría convertirse en pizza, cerveza y cigarrillos luego del amor. Era aún mejor: era capaz de compartir momentos así. Aceptaba una copa de vino fino o de champagne – y lo hacía con altura, sólo Chandon – como también un pancho con gaseosa o tan sólo un vaso de agua. Como la canc...

Mi amigo perro timador

Los cuatro perros jugaban al Poker y uno de ellos era el tramposo. Me dijo "tengo una trampa genial: en un momento del juego, cuando nadie se da cuenta, tres espejos detrás de cada uno de mis contrincantes se descubren, y puedo ver sus colas moverse cuando tienen buenas cartas." - Pero, pero, escúchame Alfredo, ¿No es mejor que los espejos estén colocados de modo tal que puedas ver sus cartas directamente en lugar de sus colas y sacar conclusiones con margen de error? - dije. - No - me contestó -, es más exacto y más preciso lo de ver las colas, porque no importa las cosas que el vecino tiene si no cómo las percibe él. En resumen, no importan las realidades sino las creencias. No me importa lo que hay en sus patas - dijo acordándose de que eras un perro - sino lo que hay en sus mentes.

Algo de poesía

Cuando era jóven y pobre, me quedaba frente a las vidrieras de las joyerías envidiando a quienes entraban y gastaban dinero útil para cubrir necesidades, en meros adornos que yo no podía comprar a mi amada. Hoy, viejo y con fortuna, envidio a los que miran anhelantes e impotentes esas vidrieras, ya que tienen en quién pensar y por quién sufrir aquélla a mis actuales ojos insignificante frustración que otrora sufrí.